La industria minera se rebela ante impuestos millonarios que amenazan la inversión en 2026
Ecuador ha encendido las alarmas en el mercado extractivo tras confirmarse que la recaudación de la polémica tasa de fiscalización minera apenas alcanzó los US$ 12 millones en su primer ciclo, una cifra ínfima frente a la meta gubernamental de US$ 220 millones. En este inicio de 2026, el sector privado se encuentra en pie de guerra, denunciando que este gravamen es «desproporcionado» y que podría superar el presupuesto total de las empresas en etapa de exploración. La situación es tendencia porque varias compañías ya han iniciado la devolución de sus concesiones al Estado, advirtiendo que Ecuador se ha convertido en la jurisdicción más cara y arriesgada de la región para buscar oro y cobre.
Lo impactante de esta medida es la contradicción estratégica que genera: mientras el Gobierno de Daniel Noboa busca recursos para equipar a la Agencia de Regulación y Control Minero (Arcom) con drones y tecnología para frenar la «narcominería», la industria formal advierte que la tasa está matando la exploración legal. La Cámara de Minería del Ecuador señala que, al asfixiar a las empresas legítimas, el Estado está dejando el territorio libre para que grupos de delincuencia organizada expandan su control sobre los yacimientos. Este conflicto ha escalado a los tribunales, con impugnaciones que buscan anular el cobro antes de que el éxodo de capitales sea irreversible.
A pesar de la resistencia, el Ejecutivo mantiene su postura de «tolerancia cero» y ha iniciado procesos de coactiva contra las firmas que incumplieron el pago de enero. El impacto de esta crisis definirá el futuro de la minería ecuatoriana en 2026, especialmente con el compromiso ante el FMI de reabrir el catastro minero. La gran incógnita para los inversores globales es si el país logrará equilibrar su necesidad urgente de seguridad nacional con la creación de un clima de negocios competitivo. Por ahora, el «oro ecuatoriano» brilla con menos fuerza bajo la sombra de una carga tributaria que amenaza con dejar bajo tierra los proyectos más ambiciosos de la década.


