El Gobierno lanza 14 áreas estratégicas para convertir al país en potencia de metales críticos en 2026
Colombia ha dado un golpe de timón en su política energética con el lanzamiento de la Ronda Minera 2026, una ambiciosa convocatoria que pone a disposición 14 Áreas Estratégicas Mineras (AEM) con alto potencial de cobre, oro y polimetálicos. Esta iniciativa, liderada por la Agencia Nacional de Minería (ANM), busca atraer inversiones que superen los estándares tradicionales, priorizando la «minería con propósito» alineada con la transición energética global. La noticia es tendencia porque el país, históricamente dependiente del carbón, apuesta ahora por el metal rojo como el nuevo motor de su reindustrialización verde, proyectando que este mineral podría generar más del 50% de las regalías mineras nacionales en los próximos años.
Lo que resulta impactante para el mercado internacional es el modelo de selección objetiva, que garantiza áreas «libres de conflicto» administrativo y ambiental previo. Los bloques, ubicados en departamentos clave como Antioquia, Cesar, La Guajira y Tolima, ya cuentan con certificaciones de no procedencia de consulta previa y actas de concertación con autoridades locales, reduciendo drásticamente la incertidumbre para los inversores. Al menos ocho gigantes del sector, incluyendo a Aris Mining y con el interés avanzado de Rio Tinto, ya están calificados para competir en subastas que premiarán no solo la oferta económica, sino también el compromiso con la descarbonización y la tecnología limpia.
El impacto de esta ronda define el inicio de un «superciclo» minero en Colombia, posicionando al país como un proveedor ético y estratégico frente a la escasez mundial de cobre. Con solo el 2,5% del territorio titulado actualmente, el potencial de descubrimiento es masivo, lo que convierte a estos 14 bloques en activos de seguridad nacional para la fabricación de infraestructuras renovables y redes inteligentes. Para este 2026, Colombia no solo busca extraer mineral, sino integrar estas áreas en cadenas productivas de valor agregado, demostrando que es posible equilibrar el desarrollo económico con la protección de ecosistemas críticos en el corazón de los Andes y la Amazonía.


