Claudia Cooper propone un nuevo paradigma de gestión hídrica para el desarrollo del Perú
En un mundo donde la escasez de recursos es la mayor amenaza para la estabilidad global, Antamina ha decidido liderar una transformación radical en la industria. Claudia Cooper, vicepresidenta de Sostenibilidad y Asuntos Externos de la compañía, ha lanzado un mensaje que ya es tendencia: el agua no debe ser un punto de conflicto, sino el motor de un cierre de brechas sociales. La propuesta de la minera en Áncash va más allá de la simple eficiencia operativa; se trata de integrar la gestión hídrica en el ADN del desarrollo territorial, asegurando que cada gota utilizada por la industria se traduzca en progreso tangible para las comunidades agrarias y urbanas.
El impacto de este enfoque radica en su viabilidad técnica y social. Antamina está impulsando proyectos de infraestructura hídrica masiva, como represas y sistemas de riego tecnificado, que permiten almacenar agua en épocas de lluvia para garantizar la seguridad alimentaria durante las sequías. Esta estrategia rompe el mito de la incompatibilidad entre minería y agricultura, posicionando al sector como el principal aliado del campo. Al optimizar el recurso, la empresa no solo asegura la continuidad de sus operaciones de cobre y zinc, sino que blinda la economía local frente a los efectos devastadores del cambio climático.
Este nuevo estándar de sostenibilidad 360° está captando la atención de los organismos internacionales y de los mercados de inversión responsable. La visión de Cooper es clara: la minería moderna en el Perú debe ser el gran articulador que conecte el capital privado con las necesidades básicas de la población. Con la gestión del agua como eje central, Antamina no solo está extrayendo minerales críticos para la transición energética mundial, sino que está sembrando un modelo de gobernanza hídrica que podría convertirse en el manual de supervivencia y prosperidad para todas las regiones mineras de Latinoamérica en 2026.


