La mega alianza entre SQM y Codelco sella el futuro del «oro blanco» en el Salar de Atacama
Chile ha consolidado su posición como superpotencia energética este 2026 tras la ratificación final y puesta en marcha de NovaAndino Litio, la empresa conjunta entre la estatal Codelco y la privada SQM. Esta alianza, que extiende la explotación del Salar de Atacama hasta el año 2060, es tendencia global por ser el mayor experimento de colaboración público-privada en la historia de los minerales críticos. Con el control mayoritario en manos del Estado (50% más una acción), el acuerdo asegura que Chile capture la mayor parte de las rentas del litio, proyectando ingresos fiscales que podrían financiar hasta tres años del presupuesto nacional de vivienda, en un momento donde la demanda de baterías para vehículos eléctricos y centros de datos de IA alcanza picos históricos.
Lo impactante de este contrato es el doble mando estratégico diseñado para maximizar la eficiencia: SQM mantendrá la gestión operativa hasta 2030, aportando su know-how tecnológico, mientras que Codelco asumirá el liderazgo total a partir de 2031. Esta estructura ha logrado calmar a los mercados internacionales al garantizar la continuidad de la producción, que apunta a las 300,000 toneladas anuales sin aumentar el consumo de agua dulce, gracias al ambicioso proyecto «Salar Futuro». La noticia es tendencia porque este modelo de «nacionalismo inteligente» permite al país sudamericano blindar su cuota de mercado frente a competidores como Australia y China, ofreciendo un litio con sello de sostenibilidad y trazabilidad ética.
El impacto de este acuerdo redefine la valoración de Codelco, proporcionando un alivio financiero vital para sus proyectos de cobre, y posiciona a Chile como el socio preferencial de las grandes potencias occidentales. Para este segundo semestre de 2026, la atención se centra en el ingreso del Estudio de Impacto Ambiental (EIA) más grande del sector, que promete revolucionar la extracción directa de litio. Con el respaldo de la Contraloría y el rechazo final de las impugnaciones judiciales de terceros, el camino está despejado: Chile no solo extrae mineral, sino que exporta estabilidad y tecnología, demostrando que la soberanía de los recursos naturales en el siglo XXI depende de alianzas sólidas que equilibren la rentabilidad con la protección del ecosistema más árido del mundo.


