Colombia redefine su política energética buscando el fin de la dependencia del petróleo
El gobierno de Gustavo Petro ha sacudido los mercados internacionales este febrero de 2026 al reafirmar su agresiva hoja de ruta para desvincular la economía colombiana de los combustibles fósiles. La noticia es tendencia absoluta debido a la ratificación de que no se firmarán nuevos contratos de exploración de petróleo y gas, una decisión sin precedentes para una nación cuya estabilidad fiscal ha dependido históricamente del crudo. Esta medida busca acelerar una transición energética «justa y sostenible», posicionando a Colombia como el líder moral de la descarbonización en América Latina, mientras el mundo observa con asombro este experimento económico de alto riesgo.
Lo que resulta impactante para los inversores y analistas es la estrategia de sustitución de divisas que la administración Petro está impulsando para llenar el vacío del sector extractivo. La información es tendencia porque el plan se centra en convertir al turismo y a la agricultura en los nuevos motores de ingresos externos, apoyados por una ambiciosa exportación de energía limpia y fertilizantes verdes. A pesar de las advertencias sobre el déficit comercial, el gobierno sostiene que la riqueza de la biodiversidad y el potencial solar y eólico del país son activos más valiosos y duraderos que las reservas de hidrocarburos, desafiando la lógica tradicional de los mercados emergentes.
El impacto de este giro político redefine la geopolítica energética del continente para la segunda mitad de la década, enviando una señal disruptiva a los países vecinos. Para este 2026, el mensaje de Petro es claro: la era del petróleo ha terminado y las naciones deben adaptarse o perecer ante la crisis climática. Aunque la industria local advierte sobre la pérdida de autosuficiencia energética, el gobierno confía en que esta apuesta atraerá inversiones «verdes» masivas de Europa y Estados Unidos, consolidando un modelo donde la protección de la selva y el agua sea más rentable que la extracción de petróleo, cambiando para siempre el destino industrial de la región.

