Perforaciones profundas en el Triángulo del Litio revelan yacimientos ocultos de clase mundial
La exploración minera ha dado un giro radical este febrero de 2026 con el inicio de campañas de perforación de gran profundidad en zonas previamente ignoradas del cono sur. La noticia es tendencia absoluta porque los primeros resultados en el área limítrofe entre Chile, Argentina y Bolivia han detectado mineralización de cobre y oro a más de 1,200 metros bajo la superficie, en estructuras geológicas que desafían los mapas tradicionales. Este hallazgo sugiere que el «Triángulo del Litio» podría ser también el próximo gigante del cobre, atrayendo inversiones multimillonarias de empresas que buscan asegurar el suministro estratégico para la industria de vehículos eléctricos y la infraestructura de inteligencia artificial.
Lo que resulta impactante para los mercados es el uso de tecnología de perforación sónica y diamantina de nueva generación, que permite atravesar capas de roca extremadamente duras a una velocidad nunca antes vista. La información es tendencia debido a que estos avances han reducido los costos de exploración profunda en un 40%, permitiendo que empresas junior compitan con los gigantes del sector en la identificación de pórfidos de cobre masivos. Los analistas señalan que este «despertar de las profundidades» es la respuesta necesaria ante la escasez global de metales básicos, proyectando una nueva ola de fusiones y adquisiciones en la región para asegurar estos activos de larga vida útil.
El impacto de este avance redefine el mapa de la riqueza mineral en Sudamérica para la segunda mitad de la década, consolidando a la región como el motor indispensable de la transición energética. Para este 2026, el éxito de la exploración profunda demuestra que la minería del futuro no depende de la expansión superficial, sino del ingenio tecnológico para desbloquear los tesoros ocultos de la corteza terrestre. El mensaje para el mundo es contundente: la era del cobre abundante apenas comienza, y aquellos países que garanticen seguridad jurídica y tecnológica liderarán la economía verde global durante los próximos cincuenta años.


