El gigante chileno desploma sus costos un 27% y proyecta inversiones por US$ 3.400 millones en 2026
Antofagasta Minerals ha cerrado un 2025 histórico y encara el 2026 con una agresividad operativa sin precedentes. La noticia es tendencia absoluta porque el grupo minero logró reducir su costo neto de caja en un impresionante 27%, situándolo en US$ 1,19 por libra, su nivel más bajo en un lustro. Este hito financiero, impulsado por una sólida disciplina de costos y el aumento en la producción de subproductos como el oro (+13%) y el molibdeno (+48%), posiciona a la compañía como una de las más eficientes y resilientes del mundo en un mercado del cobre con oferta restringida y demanda al alza por la electrificación global.
Lo que resulta impactante para los inversores es el ambicioso plan de expansión que la minera tiene en marcha. La información es tendencia debido al anuncio de una inversión de US$ 3.400 millones para este 2026, destinados principalmente a acelerar los proyectos estratégicos de «Nueva Centinela» y la expansión de «Los Pelambres». Con una meta de producción situada entre las 650.000 y 700.000 toneladas de cobre fino para este año, Antofagasta Minerals no solo busca volumen, sino sostenibilidad, integrando nuevas plantas desalinizadoras y concentradoras que aseguran su viabilidad operativa frente al cambio climático y la escasez hídrica en el norte de Chile.
El impacto de este despliegue redefine el liderazgo de la minería privada en Sudamérica para la segunda mitad de la década. Para este 2026, el éxito del grupo chileno simboliza la capacidad del sector para transformarse en el motor de la transición energética, aprovechando la inteligencia artificial y tecnologías de descarbonización en sus faenas. El mensaje al mercado global es contundente: Antofagasta Minerals ha blindado su futuro operativo y financiero, garantizando que el cobre necesario para la seguridad energética mundial provenga de una cadena de suministro de bajo costo, alta seguridad y trazabilidad ambiental impecable.


