Renuncia la directora de hidrocarburos en Bolivia tras el escándalo de la gasolina contaminada
Margot Ayala, la primera mujer en liderar la Agencia Nacional de Hidrocarburos (ANH) de Bolivia, ha presentado su renuncia irrevocable este febrero de 2026, desatando un terremoto político en el sector energético. La noticia es tendencia absoluta debido a que su salida se produce en medio de una crisis sin precedentes por la distribución de combustible adulterado con goma y manganeso, que ha dañado los motores de miles de vehículos en todo el país. Entre lágrimas y denuncias de «ataques sistemáticos», Ayala abandonó el cargo señalando la existencia de una red de corrupción interna que habría boicoteado su gestión para encubrir irregularidades en la importación de carburantes.
Lo que resulta impactante para la opinión pública es la profundidad de la crisis institucional que este evento deja al descubierto. La información es tendencia porque el gobierno de Rodrigo Paz se enfrenta ahora a una presión social extrema, con transportistas exigiendo compensaciones millonarias y la Fiscalía abriendo investigaciones penales por la venta de gasolina de mala calidad. La renuncia de Ayala no ha calmado las aguas; por el contrario, ha intensificado los pedidos de destitución del presidente de YPFB y del Ministro de Hidrocarburos, mientras surge la «Comisión de la Verdad II» para auditar contratos con presuntos sobreprecios que amenazan la estabilidad económica de la nación.
El impacto de este vacío de poder redefine las reglas de juego para la comercialización de energía en Bolivia durante la segunda mitad de la década. Para este 2026, la salida de la directora de la ANH simboliza el colapso de un modelo de control que no pudo contener la infiltración de intereses oscuros en la cadena de suministro de combustibles básicos. El mensaje para el mercado es de máxima alerta: la reconstrucción de la transparencia en el sector hidrocarburos será una tarea titánica que marcará el éxito o el fracaso del actual gobierno, en un momento donde la seguridad energética de los bolivianos pende de un hilo.


