El nuevo gobierno rompe el hermetismo y lanza una licitación global para salvar su economía
Bolivia ha dado un vuelco radical a su estrategia minera este inicio de 2026 bajo la administración del presidente Rodrigo Paz. La noticia es tendencia absoluta tras el anuncio de una nueva licitación internacional y la presentación de un marco legal que busca sepultar el modelo de «convenios secretos» de años anteriores. Con el objetivo de captar inversiones por más de US$ 700 millones este año y proyectar ingresos de US$ 2,000 millones para 2027, el país busca finalmente industrializar sus 21 millones de toneladas de litio en el Salar de Uyuni, abriendo las puertas al capital privado y tecnológico para salir de la asfixiante crisis de divisas y combustibles.
Lo que resulta impactante para el mercado global es el dilema sobre los contratos previos firmados con gigantes de China y Rusia. La información es tendencia porque el nuevo ejecutivo está sometiendo a una auditoría técnica y legal rigurosa los acuerdos de Extracción Directa de Litio (EDL) suscritos por la gestión de Arce, advirtiendo que no dudará en romper aquellos que presenten daño económico o falta de transparencia. Este giro hacia la «seguridad jurídica y previsibilidad» busca recomponer la confianza de los inversionistas occidentales y multilaterales, posicionando al litio no solo como un recurso extractivo, sino como el ancla de una nueva inserción internacional basada en la modernización y la eficiencia.
El impacto de esta decisión redefine la geopolítica del «Triángulo del Litio» para la segunda mitad de la década. Al desmarcarse de modelos ideológicos y apostar por un enfoque pragmático en el foro de Davos, Bolivia intenta recuperar el tiempo perdido frente a sus competidores, Chile y Argentina. Para este 2026, el mensaje al mundo es claro: el país está listo para dejar de ser un actor insignificante en el mercado de baterías y transformarse en un socio estratégico confiable. Este «renacimiento minero» promete ser el motor que estabilice la economía boliviana, convirtiendo la riqueza latente de sus salares en el pilar fundamental de su soberanía tecnológica y desarrollo social.


