El Gobierno suspende la exportación de electricidad a Ecuador para priorizar el consumo nacional
Colombia ha tomado una decisión drástica que redefine el panorama energético regional en este inicio de 2026: la suspensión total de la venta de energía eléctrica a Ecuador. A través de una resolución del Ministerio de Minas y Energía, el Gobierno colombiano ha priorizado el abastecimiento interno ante la alarmante caída en los niveles de sus embalses, provocada por una sequía extrema que amenaza con un apagón nacional. Esta medida es tendencia absoluta porque rompe los acuerdos de integración energética del bloque andino, enviando una señal clara de que la seguridad energética doméstica se ha convertido en la prioridad absoluta frente a los compromisos internacionales.
Lo que resulta impactante para los mercados y la geopolítica es el efecto dominó que esta medida genera. Ecuador, que depende históricamente del flujo colombiano para estabilizar su red, se ve ahora forzado a implementar cortes programados y a encender sus costosas plantas térmicas a máxima capacidad. En Colombia, la restricción busca conservar cada kilovatio generado por las hidroeléctricas para evitar racionamientos a gran escala en sus ciudades principales. La noticia es tendencia porque pone en evidencia la fragilidad de las matrices energéticas de la región ante el cambio climático, transformando la electricidad en un recurso de supervivencia nacional por encima de su valor comercial.
El impacto de esta suspensión marca un punto de inflexión en la confianza de las interconexiones eléctricas sudamericanas para 2026. Al cerrar el grifo energético, Colombia no solo protege su economía de un colapso eléctrico, sino que acelera la necesidad de inversiones masivas en fuentes renovables no convencionales para dejar de depender de la hidrología. Para el sector industrial y minero de ambos países, esta crisis se traduce en una incertidumbre operativa sin precedentes, donde la eficiencia energética ya no es una opción de sostenibilidad, sino el único camino para garantizar la continuidad de los negocios en un entorno de escasez crítica.


