El robo masivo de mineral desata enfrentamientos con dinamita en el corazón estannífero de Bolivia
La noche en el distrito minero de Huanuni se vio fracturada por la violencia tras un grave intento de robo de mineral en el emblemático cerro Posokoni. Grupos de ladrones de minerales, conocidos como «jukus», aprovecharon un descuido en la vigilancia para infiltrarse en las instalaciones de la Empresa Minera Huanuni (EMH), lo que derivó en choques directos con los trabajadores que custodiaban el yacimiento. Este suceso, que ya es tendencia en la agenda de seguridad minera de 2026, escaló rápidamente con detonaciones de dinamita y disparos, sumiendo a la población local en un estado de zozobra mientras los mineros asalariados intentaban repeler el saqueo de su principal fuente de sustento.
El impacto de este incidente radica en la vulnerabilidad estratégica que quedó expuesta: el Ministerio de Minería y Metalurgia denunció que los atacantes capitalizaron la ausencia de personal que se encontraba respaldando movilizaciones externas. La respuesta del Gobierno fue categórica, activando protocolos de seguridad inmediatos con la intervención de la Policía y el Ejército para restablecer el control pleno de la zona. Esta situación ha encendido las alarmas sobre el «juqueo», un delito que no solo desangra el patrimonio del Estado Plurinacional, sino que pone en riesgo la estabilidad operativa de uno de los yacimientos de estaño más importantes del mundo en un momento de precios internacionales competitivos.
Esta noticia es tendencia absoluta porque pone a prueba la capacidad de respuesta institucional frente al crimen organizado en la minería. Los trabajadores se mantienen en estado de emergencia, reforzando puntos críticos como los sectores Tunari y Patiño para evitar nuevos sabotajes que comprometan la producción estratégica de 2026. La firme postura oficial de «tolerancia cero» ante el abandono de funciones y los actos de violencia marca un precedente: la seguridad minera en Bolivia ya no es solo una cuestión de producción, sino un eje de defensa del patrimonio nacional que exige una vigilancia militarizada permanente para garantizar el futuro de la industria.


