La producción nacional despega con un crecimiento del 10% y sacude el mercado global
Chile ha reafirmado su dominio absoluto en la minería mundial al registrar un incremento interanual del 10,2% en su producción de cobre durante noviembre, alcanzando las 491.500 toneladas métricas. Este repunte, impulsado por el desempeño estelar de gigantes como Escondida (operada por BHP) y Quebrada Blanca Fase 2 (de Teck), marca un punto de inflexión tras meses de incertidumbre operativa. La noticia ha generado una onda de optimismo en los mercados internacionales, consolidando al país como el proveedor más confiable del metal rojo en un momento donde la demanda para la transición energética no deja de escalar.
Lo que hoy es tendencia en los círculos financieros es la recuperación de la capacidad de procesamiento de las principales plantas concentradoras, que han logrado superar los desafíos geológicos y técnicos que afectaron los promedios de años anteriores. Mientras Escondida reportó un aumento del 15% en su producción trimestral, nuevos proyectos han comenzado a aportar volúmenes significativos de concentrado, compensando la caída en las leyes del mineral de yacimientos más antiguos. Esta eficiencia operativa sitúa a la industria chilena en una posición de ventaja competitiva inigualable frente a otros productores emergentes en África y Asia.
El impacto de estas cifras trasciende las fronteras mineras; es un respiro vital para la economía chilena y una señal de estabilidad para los inversores de la era verde. Con el precio del cobre manteniendo una tendencia sólida, el aumento en los volúmenes de exportación proyecta un 2026 de ingresos récord para las arcas fiscales. Chile demuestra así que, mediante la innovación y la puesta en marcha de mega-proyectos estratégicos, sigue siendo el corazón latente de la descarbonización global, garantizando que el mundo tenga el cobre necesario para la revolución de los vehículos eléctricos.


