Perú y Chile proponen una Zona Franca Minera para industrializar el «Sueldo de Sudamérica»
En un movimiento estratégico que podría redefinir el mapa económico global, se ha propuesto la creación de una Zona Franca del Cobre entre Perú y Chile. Esta iniciativa, presentada en el marco del Jueves Minero del IIMP, busca aprovechar que ambas naciones concentran casi el 40% de la producción mundial de metal rojo. El objetivo es romper con décadas de exportación de materia prima bruta para transitar hacia una arquitectura industrial conjunta. La propuesta no solo es tendencia por su ambición, sino por su necesidad: en un mundo hambriento de cobre para la electromovilidad, los gigantes andinos han decidido dejar de competir para empezar a construir un ecosistema de valor agregado único en el planeta.
El impacto de este proyecto radica en la creación de un corredor logístico y tecnológico transfronterizo que incluiría plantas de refinación, servicios industriales avanzados y, lo más revolucionario, la fabricación de bienes terminados como cables, tuberías y componentes para energías renovables. Entre las ubicaciones estratégicas evaluadas destacan Moquegua, Tacna y Arequipa en Perú, conectadas con el norte chileno mediante infraestructura de vanguardia, incluyendo la posibilidad de un ferrocarril binacional del cobre. Este ecosistema utilizaría energía limpia y plantas desalinizadoras, blindando la producción contra la crisis hídrica y elevando los estándares de sostenibilidad a niveles nunca antes vistos en la región.
Esta «Zona Franca Minera» se perfila como la respuesta definitiva a la creciente burocracia y lentitud en el desarrollo de nuevos proyectos, que hoy tardan hasta 18 años en materializarse. Al establecer un marco regulatorio y aduanero especial, se busca atraer inversiones masivas que hoy miran hacia otros continentes. Con el precio del cobre alcanzando niveles históricos a inicios de 2026, la integración productiva entre Perú y Chile no solo aseguraría el crecimiento del PBI regional, sino que convertiría a Sudamérica en el hub tecnológico de la transición energética mundial, demostrando que la verdadera riqueza no está solo en la extracción, sino en el ingenio para transformar el mineral en futuro.


